El retorno a lo real no se limita al realismo tímido. Durante estos años se desarrollan también
documentales, películas de no ficción, ensayos cinematográficos y propuestas autorales que buscan
una relación menos controlada con el mundo, con el rodaje y con los propios mecanismos de la
representación.
Películas como En construcción, de José Luis Guerín; De nens y
Veinte años no es nada, de Joaquim Jordà; Balseros, de Carles Bosch y Josep
Maria Domènech; La pelota vasca, de Julio Medem; 200 km, de Discusión 14;
o Hay motivo, obra colectiva, muestran formas muy distintas de intervenir en la realidad
contemporánea.
También resultan fundamentales cineastas como Víctor Erice, José Luis Guerín, Joaquim Jordà o Marc
Recha. En sus trabajos, lo político no siempre aparece formulado como asunto explícito. Puede residir
en la manera de observar un paisaje, de atender a un cuerpo, de dejar entrar el azar en el rodaje o de
cuestionar la frontera entre ficción y documental.
Marc Recha permite entender con claridad esta diferencia. En películas como
L’arbre de les cireres, Pau i el seu germà o Les mans buides, el
paisaje, la duración, el azar y la exploración visual no funcionan como simple decoración de una historia,
sino como fuerzas que pueden modificar el relato y abrir la ficción al mundo.
Diferencia decisiva. Mientras el realismo tímido suele convertir la realidad en
material para una ficción cerrada, estas propuestas buscan dejar que la realidad altere y desestabilice
la propia forma de la película.