Crisis, libertad y transformación
Entre 1969 y 1982 España atraviesa una transformación política decisiva: la crisis
terminal del franquismo, la muerte de Franco, la reforma política, las primeras
elecciones democráticas, la Constitución de 1978 y la consolidación todavía incierta
de un nuevo sistema de libertades. El cine participa activamente de este proceso,
pero no como un simple reflejo de los acontecimientos.
Durante los últimos años del régimen, la censura, la dependencia de las subvenciones
y la crisis industrial condicionan profundamente la producción. Al mismo tiempo,
cineastas, productores y espectadores construyen formas crecientes de disidencia:
alegorías, relatos familiares, documentales, películas de memoria, cine de género y
obras que convierten la asistencia a las salas en una forma de reconocimiento cultural
y político.
La democracia elimina formalmente la censura, pero no resuelve de inmediato los
problemas del cine español. La caída de espectadores, la expansión de la televisión,
la fragilidad de la producción, la inestabilidad de las políticas públicas y el
debilitamiento de las salas obligan a reconsiderar los modos de hacer, financiar,
distribuir y ver películas. En ese escenario nacen también nuevas memorias, nuevos
públicos, nuevas identidades territoriales y nuevas formas de comedia, documental y
cine de autor.
1969
La caída de Fraga y la crisis Matesa aceleran el endurecimiento de la política cinematográfica y la reducción de los apoyos al cine de calidad.
1971–1973
Se suprime la subvención automática, se endurece la censura y la industria entra en una crisis cada vez más grave.
1975
Muere Franco. El régimen intenta una apertura tardía mientras aumentan la conflictividad política, la movilización social y la demanda de libertades.
1976–1977
La reforma política, la legalización de partidos y las elecciones generales transforman el marco institucional. La censura cinematográfica queda abolida.
1978
La Constitución inaugura un nuevo marco democrático. El cine recupera memorias silenciadas, pero la crisis de salas y espectadores se agrava.
1979–1982
Las políticas de UCD resultan inestables. Surgen nuevos autores, nuevas comedias y una representación territorial más plural del cine español.